Una operación estética que en el fondo es una operación de censura. Así podemos resumir la propuesta de esta Artista quien recordando iconos infantiles provenientes de su vida temprana, así como empleando formas fálicas despojadas de revestimiento, despliega un trabajo grafico y objetual en el que la dinámica del ocultamiento de contenidos, transfigurados en el cuerpo de las obras, surge como principal argumento. De esta manera Villaseca se introduce en el juego de la cultura visualizando desde una óptica sicoanalítica, el proceso de socialización al que los individuos nos enfrentamos en nuestras vidas, en el cual se nos enseña a utilizar una serie de códigos de comunicación y de comportamiento, que por un lado son nuestro nexo con el mundo, pero que también nos encapsulan, comprimiendo las energías vitales que nos transitan, obligándolas a encontrar una salida. Este proceso de inmersión en la cultura, siempre lleva consigo un grado de violencia, de trauma, una herida que permanece abierta, la que nos constituye como individuos.
Utilizando materiales como mármol, papel, poliéster, barniz, bolígrafos, acrílicos, todos de suave textura, como queriendo construir una segunda piel, esta creadora explora desde su condición de mujer y artista los rastros de su herida, elaborando iconos cuya integridad y normalidad aparecen pervertidas, en medio de trazos ornamentales que aparentan inocencia.
Pedro Pablo Bustos. Historiador del Arte. Septiembre de 2008.

